Parece que algo está cambiando...
equilibrium Ourense
7 de enero de 2026.
Para muchas personas: un día más en la oficina.
Para los profesionales que defendemos una Salud funcional e integral: un día histórico que supone un cambio en el paradigma nutricional con respecto a cómo nos dijeron que debía componerse nuestro plato desde hace más de 30 años.
Por primera vez, una autoridad mundial reconoce oficialmente lo que todos los profesionales sanitarios observamos en consulta a diario: el efecto devastador de los alimentos ultraprocesados sobre nuestra biología.
7 de enero de 2026.
La USDA (Departamento de Agricultura de Estados Unidos), junto con el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, publica las nuevas recomendaciones dietéticas para su población para los próximos 5 años (Dietary Guidelines for Americans 2025 – 2030).
Hasta aquí nada nuevo.
Aguanta el baile. Que esto da para mucho.
Versión rápida: la famosa pirámide nutricional que todos hemos visto una y mil veces ha dado la vuelta. Se ha invertido. Lo que hasta hace dos días estaba abajo, ahora está arriba. Y lo que antes estaba en la cima de la pirámide, ahora se sitúa en su base.
Versión larga: sigue leyendo.
¿DE DÓNDE VENIMOS?
Durante más del 99% de nuestra historia evolutiva, no solo el ser humano no consumía pan, pasta, cereales o legumbres. Sino que, directamente, no existían el azúcar libre, las harinas, los aceites vegetales refinados… ¡y qué decir de la bollería industrial o de los refrescos!
Durante más del 99% de nuestra historia evolutiva el ser humano se ha alimentado a base de animales, verduras de superficie, fruta, semillas, raíces y frutos secos.
Todo esto.
Solo esto.
A lo largo de nuestra historia evolutiva esta casi infinita combinación de alimentos, según el periodo y territorio específico de cada población, fue la que, más allá de permitirnos sobrevivir, nos convirtió en lo que hoy somos: la especie más dominante y más adaptable del planeta.
¿EN QUÉ PUNTO ESTAMOS?
Año 1992.
La misma USDA que ahora muchas voces critican publicaba la pirámide nutricional que el mundo médico oficial ha empelado como recomendación base.
Una pirámide que ponía el mayor énfasis en los cereales y sus derivados como el pan o la pasta, mientras que los alimentos de origen animal ocupaban prácticamente el último lugar.
Una pirámide que, si bien ha ido modificándose (muy poco), fue la que nos enseñó que los hidratos de carbono debían conformar la base de nuestra dieta, recomendando ¡de 6 a 11 porciones diarias! Y sin hacer ningún tipo de distinción entre cereales enteros y cereales refinados.
Una pirámide que impulsó la demonización total de las grasas, metiendo en el mismo saco la mantequilla, el aceite de oliva virgen extra o la grasa que acompaña de forma natural a un animal y las grasas hidrogenadas.
Una pirámide que no reflejaba la calidad y aporte nutricional de los alimentos, dando así a entender que una carne de pasto no difiere de una rodaja de mortadela, que un pescado salvaje no nutre más que un trozo de tofu, que mantequilla y margarina son lo mismo o que un cuenco de cereales azucarados aporta lo mismo que un buen potaje.
Una pirámide que apoyaba la idea de que “un poquito de todo” o «con moderación» es una buena recomendación. Y es que es bien sabido que un “poquito de Doritos” junto con un “poquito de chóped” y otro “poquito de pan Bimbo” y todo ello bañado con “un poquito de Coca-Cola”, cada tarde después de salir del cole, es la mejor merienda para un niño de 10 años. Faltaría más…
¿HACIA DÓNDE VAMOS?
Las nuevas recomendaciones nutricionales declaran abiertamente la guerra a los productos ultraprocesados, recolocando en el epicentro de nuestra mesa la comida real: alimentos reconocibles y preparados en casa. Además de defender un enfoque educativo y responsable, puesto que abogan por aprender a leer las etiquetas de los productos que compramos con el fin de saber identificar azúcares ocultos.
Todo ello con el objetivo de reducir la obesidad (la cual afecta a más del 40% de la población estadounidense y a más del 15% de la española. Y creciendo…) y las enfermedades crónicas, siendo las principales las enfermedades cardiovasculares, las enfermedades metabólicas y endocrinas (diabetes, obesidad), las enfermedades autoinmunes, las enfermedades neurológicas (Parkinson, Alzheimer, esclerosis) y el cáncer. Todas ellas patologías directamente relacionadas con un patrón alimentario industrializado y pobre en nutrientes.
Durante décadas, se priorizó el tratamiento farmacológico sobre la prevención y la educación, incentivando además el consumo de alimentos de baja calidad. Favoreciendo así, ¿casualmente?, los intereses de grandes corporaciones (Big Pharma y Big Food).
Ahora, las nuevas guías proponen volver a lo básico, a lo de siempre.
Así, estas directrices hablan de:
- Priorizar el consumo de proteína de alta calidad y rica en nutrientes con una ingesta de entre 1.2 y 1.6 gramos de proteína por kilo de peso corporal al día. Siendo las principales fuentes recomendadas la carne roja, las aves, el pescado y los huevos. E incluyendo también las legumbres y la soja. También insta a evitar carnes o alimentos con azúcares añadidos, almidones refinados o aditivos químicos.
- Volver a las grasas saludables tradicionales, aquellas que siempre hemos consumido y que se encuentran naturalmente presentes en los alimentos de origen animal. Incluyendo también en este grupo los productos lácteos enteros sin azúcares añadidos, el aceite de oliva, los frutos secos, el aguacate, las semillas, la mantequilla y el sebo vacuno. Y reducir drásticamente los ultraprocesados como chips, galletas, bollería, dulces y snacks salados, así como cualquier tipo de producto que contenga colorantes artificiales, conservantes, edulcorantes y aditivos químicos.
- Tolerancia mínima al azúcar, priorizando los cereales integrales ricos en fibra y reduciendo de forma significativa los hidratos de carbono refinados y altamente procesados, y evitando las bebidas azucaradas. Recomendando así no más de 10 gramos de azúcares añadidos por comida en adultos y no introducir azúcares añadidos en la dieta infantil hasta los 10 años.
- Consumir 3 raciones diarias de verduras y 2 de frutas, siempre enteras (nada de zumos), coloridas, ricas en nutrientes y en su forma original. Priorizando la frescura y el mínimo procesamiento. Recomendando también la ingesta de alimentos fermentados y el uso de especias.
- Beber menos alcohol, sin fijar umbrales concretos.
- Mantener el consumo de sodio por debajo de 2.3 gramos diarios en la población general, evitando sobre todo el consumo de productos ultraprocesados ricos en sodio.
- En dietas vegetarianas y veganas, tener muy presente los riesgos de tener déficits nutricionales (vitaminas A, D, E, B12, hierro, calcio, zinc y proteínas) con todo lo que ello implica.
- Con respecto a la cocción y elaboración de los alimentos, se recomiendan métodos simples que eviten frituras y el empleo de ultraprocesados.
RESUMIENDO…
Las nuevas recomendaciones publicadas por la USDA y HHS se centran en la ingesta de comida real, priorizando alimentos ricos en proteínas de alta calidad (los cuales deben estar presentes en cada comida) acompañados de grasas saludables, verduras, frutas y cereales integrales. Además, instan a reducir drásticamente el consumo de alimentos altamente procesados, de alimentos que contengan azúcares añadidos, así como los hidratos de carbono refinados.
¿CUÁL ES MI OPINIÓN NO SOLICITADA AL RESPECTO?
Durante décadas, las Guías Alimentarias de todo el mundo han favorecido los intereses corporativos por encima, ya no solamente del sentido común, sino de la propia ciencia. Esa que tanto defendían…
Durante años, nos enseñaron una pirámide alimentaria que no estaba pensada para cuidar la Salud, sino para sostener todo un sistema. Un sistema que se encargó de diseñar en sus laboratorios productos comestibles hiper adictivos disfrazados de alimentos. Porque que algo pueda masticarse y tragarse no significa que sea sano.
Mientras las guías anteriores han demonizado la proteína (sobre todo de origen animal, aunque con pretextos ideológicos-climáticos y no nutricionales) en favor de los hidratos de carbono, estas nuevas directrices reflejan la ciencia de referencia (Gold Standard) al priorizar alimentos proteicos de alta calidad y alta densidad nutricional en cada comida.
Además, las nuevas recomendaciones dejan de demonizar las grasas, recomendando la ingesta de productos lácteos enteros, de mantequilla o de sebo vacuno. Verduras, frutas y frutos secos siguen ocupando su espacio y los cereales, ahora integrales, se encuentran más arriba en la pirámide.
Hasta aquí: todo en orden.
Por fin todo gira entorno a comida real (¡fuera ultraprocesados!) y que nuestro diseño evolutivo reconoce como propia.
“NADA EN BIOLOGÍA TIENE SENTIDO SI NO ES A LA LUZ DE LA EVOLUCIÓN.”
(Theodosius Dobzhansky)
¿Quiere esto decir que esta nueva pirámide nutricional es perfecta?
A título individual: no. Claramente no.
Lo ideal sería que las recomendaciones sanitarias, de cualquier índole (en esta caso, alimentarias), se adaptaran a cada persona y tuvieran en cuenta ya no solamente su edad, peso y sexo, sino también horarios, nivel de actividad física, objetivos concretos, contexto vital y socio-económico… Es decir, su epigenética.
Y es que, como bien recogen las Sagradas Escrituras: “No solo de pan vive el hombre”.
Nuestro cuerpo no solamente se nutre con lo que ingerimos, sino también de lo que escuchamos, vemos y sentimos.
Dicho de otro modo, nuestro cuerpo no enferma por falta de nutrientes, sino por exceso de incoherencia.
Pese a todo ello, en términos generales y teniendo en cuenta los hábitos de vida de la inmensa mayoría de la población actual del mal llamado primer mundo diría que, aunque matizable, esta pirámide ronda el notable alto.
¿Qué cambiaría entonces?
Antes de responder a esta pregunta creo que es importante destacar ideas tan “insólitas”, oficialmente hablando, hasta hace unos días como son el cuidado de la microbiota, la educación de la población y el no caer en la polarización nutricional.
Ahora sí: ¿qué echo en falta?
Por encima de todo, que la base no esté compuesta por hábitos y estilo de vida saludables. Cosa que sí ocurre con las recomendaciones nutricionales de la SENC (Sociedad Española de Nutrición Comunitaria), quien cimienta su modelo en:
- Actividad física diaria.
- Hidratación apropiada.
- Técnicas culinarias adecuadas.
- Equilibrio emocional.
Cimientos a los que, particularmente, añadiría:
- Respeto por los biorritmos.
- Exposición diaria al sol y a entornos naturales.
- Regulación del sistema nervioso.
- Descanso real.
- Sueño reparador.
Más cosas.
- Creo que es un error poner al mismo nivel las fuentes proteicas de origen animal y las de origen vegetal, puesto que éstas últimas presentan una mayor dificultad de absorción intestinal por la presencia de antinutrientes y una menor biodisponibilidad (micronutrientes como el hierro o la vitamina A, requieren de procesos de conversión metabólica para poder ser aprovechados).
- Si bien priorizar los cereales integrales pueda parecer correcto, lo cierto es que ante los problemas digestivos que presenta un porcentaje importante de la población, es importante saber que el consumo de este tipo de cereales puede empeorar los síntomas. Además, recomendar hasta 4 porciones de cereales al día, sin tener en cuenta el contexto individual de cada persona y sabiendo que el sedentarismo es, actualmente, otro gran problema con el que convivimos, probablemente no sea lo más acertado.
- La forma de la pirámide. Llámame loco, pero ¿qué sentido tiene diseñar un pirámide invertida? Sin entrar a valorar lo que significa una pirámide del revés según que ámbitos, lo cierto es que me parece contraintuitiva y poco didáctica. Y es que, una vez más, el subconsciente manda.
Y ahora que ya sabes todo esto: ¿vas a tenerlo en cuenta y aplicarlo o solamente comentarlo?
Gracias por leerme
¡Qué hagas un gran día!
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