Comer sano: cada vez más caro... y no es casualidad
equilibrium Ourense
Lo que te voy a contar hoy no es cómodo. No es gracioso. Pero, a cambio, es una verdad como un templo. Y, si la tienes presente, ahorrarás años de dar vueltas y te volverás peligrosamente… capaz.
Capaz de ir más allá de lo que nos cuentan. Capaz de pensar fuera del relato. Capaz de salir de la Matrix. ¿Te acuerdas de la película…
«Estás aquí porque sabes que hay algo que no puedes explicar, pero lo percibes. Algo no funciona en el mundo, pero no sabes lo que es. Sin embargo, ahí está, como una astilla clavada en tu mente. Esa sensación te ha traído hasta aquí. Hablamos de la Matrix: un mundo que ha sido puesto ante tus ojos para ocultarte la verdad. Un mundo que no es más que una prisión para tu mente. Para entender lo que es Matrix, debes verla con tus propios ojos. Si tomas la píldora azul: fin de la historia. Despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la píldora roja, te quedarás en el País de las Maravillas y verás hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda: lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más.»
Pelos de punta. ¡Qué gran película!
Pero volvamos al asunto: algo no encaja.
Hace unos días leía una noticia que decía que huevos, café, carne y hortalizas son los alimentos que más se han encarecido el último año, mientras que aceites vegetales, azúcar, patatas y legumbres son los que más se han abaratado. La misma noticia también decía que todo está “bajo control”, que la inflación general se modera y que, incluso, baja. Ya sabes: “España va bien”, “Somos la locomotora de Europa”… Sin embargo, cuando bajas al terreno real: el carrito de la compra, la sensación es muy distinta.
Y no es una percepción. Es un patrón.
LO QUE DICEN LOS DATOS (Y LO QUE NO SE CUENTA)
A inicios de 2026, la inflación general se situó en torno al 2,3% interanual. Dicen.
Pero, los alimentos siguen subiendo por encima de esa media, cerca del 3%. Dicen.
Aunque no todos. Aquí viene lo interesante.
Cuando analizas qué productos se han encarecido de verdad, aparece un patrón muy claro.
- Huevos.
- Subida de más del 30% interanual. Uno de los mayores incrementos de toda la cesta de la compra
2. Café, cacao e infusiones.
- Algo más del 13% interanual.
3. Carnes y pescados.
- Subidas de más del 17%, especialmente la carne de vacuno. Y superiores al 30% en el pescado fresco en ciertos periodos del año.
4. Hortalizas y frutas frescas.
- Subidas incluso superiores al 50% en ciertos meses del año.
Ahora, párate un momento. ¿Sabes qué tienen en común todos estos alimentos?
Exacto: se trata de alimentos reales, llenos de nutrientes esenciales y altamente biodisponibles. Alimentos que, por biología y fisiología, necesitas. En definitiva, comida de verdad.
Pero esto no se acaba aquí. Mientras que el precio de lo que realmente nos nutre (en cuanto a comida) no deja de subir, los alimentos/productos que más se han abaratado en el último año son:
- Aceites vegetales.
- Azúcar.
- Cereales.
- Patatas.
- Legumbres (en algunos casos).
Es decir, alimentos más procesados o materias primas baratas que emplea la industria alimentaria para crear sus productos comestibles, pero vacíos de nutrientes. Productos que no te matan (hoy) y que tampoco te hacen más fuerte. Al revés…
ENTONCES… ¿QUÉ ESTÁ PASANDO REALMENTE?
Aquí empieza la parte incómoda.
Nos dicen que el precio de la carne sube por el aumento del coste del pienso.
Perfecto.
Pero… ¿de qué está hecho el pienso? Principalmente de cereales. Y los cereales… han bajado de precio.
Entonces tenemos:
- El precio de la materia prima baja.
- El precio del producto final aumenta.
“No sé Rick, parece falso…”.
Definitivamente, algo no cuadra. Y cuando algo no cuadra en economía, rara vez es casualidad.
LA LÓGICA DETRÁS DEL SINSENTIDO
Ok. Pongámosle algo de luz al asunto.
Imagina el sistema alimentario como una autopista:
- Carril 1: alimentos naturales: carne, huevos, pescado, alimentos frescos.
- Carril 2: alimentos ultraprocesados.
Lo que estamos viendo es esto: se encarece todo lo relacionado con el carril 1 mientras que se abarata el carril 2.
Resultado: cada vez es más difícil comer bien… y más fácil comer mal. Ojo: atendiendo solamente al aspecto económico. Porque esto no es neutro o irrelevante en cuanto a cómo pensamos o nos comportamos. Además de las ya conocidas consecuencias metabólicas e inflamatorias que supone basar nuestra dieta en productos ultraprocesados, es importante saber que también existe un impacto directo en nuestra toma de decisiones. Si te parece interesante, hablaré de este tema en otra entrada.
Sigamos.
ENTONCES… ¿ERROR DEL SISTEMA O DISEÑO DEL SISTEMA?
Aquí entra la parte que pocas veces se señala. Porque esto no parece un fallo aislado. Sino más bien un patrón consistente:
- Se incentiva lo barato, duradero y procesado.
- Se penaliza lo fresco, perecedero y nutritivo.
¿Por qué?
Mientras lo primero:
- Tiene mayor margen.
- Se puede almacenar.
- Se distribuye a gran escala.
- Genera dependencia de consumo de la Industria Alimentaria.
- Genera enfermos a largo plazo. O, dicho de otro modo, dependencia de consumo de la Industria Farmacológica.
Lo segundo:
- Es más difícil de industrializar.
- Tiene menor margen.
- No «fideliza» de la misma manera.
- Permite cierta independencia y, por lo tanto, menor control.
LA CONSECUENCIA SILENCIOSA
Lo bueno de este diseño es que ya no es necesario prohibir nada. Porque lo prohibido, muchas veces, sirve de disparador del efecto conocido como “fruta prohibida” aumentando el deseo por hacer precisamente lo contrario.
Así titulares como “Francia pide limitar el consumo de carne por causas climáticas en su estrategia nacional”, “Ámsterdam prohíbe anunciar carne en espacios públicos”, “Bruselas da luz verde al cierre de granjas en los Países Bajos” o “La UE habla de quitar el IVA reducido a la carne” ya no son necesarios.
Solo hace falta que comer sano sea progresivamente más caro y que lo insano sea progresivamente más accesible.
De este modo el comportamiento de la población cambia solo. Sin imposiciones. Sin titulares. Sin ruido.
Todos somos víctimas de algo o de alguien y nada podemos hacer. Que si una guerra, que si un virus salido de la nada, que si el cambio climático…
¿Te suena?
“La verdad se defiende sola; la mentira necesita ayuda del Gobierno.”
Antonio Escohotado.
Piensa en grande. Olvídate del Gobierno de turno del lugar en el que vives. Los tiros no van por ahí. Una vez más, distracciones, objetos brillantes.
Pan y circo para el pueblo…
¿QUÉ PUEDES HACER TÚ?
Recuperar el control.
No puedes cambiar el sistema, pero sí cómo te mueves dentro de él. No puedes controlar todas las variables, pero sí aquellas que depende única y exclusivamente de ti.
- Prioriza alimentos base: aunque suban, siguen siendo la mejor inversión en salud.
- Huevos.
- Carne de calidad.
- Pescado.
- Verduras.
- Reduce lo superfluo: mucho gasto “invisible” viene de
- Snacks.
- Bebidas repletas de azúcar.
- Alcohol.
- Ultraprocesados.
- Compra con estrategia.
- Aprovecha ofertas reales (no marketing).
- Compra en origen cuando sea posible.
- Congela y planifica.
- Cambia el enfoque mental: no hables de “gastar más en comida”, sino de invertir menos en enfermedad futura.
- Apaga la televisión y sal a pasear.
Y es que lo que estamos viendo no es solo economía. Es un reflejo de hacia dónde empuja el sistema. Y aquí, la pregunta importante no es: ¿por qué sube la carne? La pregunta clave, al menos para mí, es: ¿qué tipo de alimentación se está facilitando y cuál se está dificultando? ¿Y cuáles son las consecuencias?
Porque ahí es donde está la respuesta. Y, sobre todo, la responsabilidad.
No del sistema.
La tuya.
«Lo peligroso no es no saber. Lo peligroso es estar convencido de que algo no es verdad, de que algo no puede ser.»
(Frase atribuida a Mark Twain)
Gracias por leerme
¡Qué hagas un gran día!
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