¿Detox? Tu cuerpo no necesita que lo limpies, necesita que dejes de ensuciarlo
equilibrium Ourense
Acabadas ya las vacaciones de verano, muchos pacientes me preguntan, de una forma u otra, cómo ayudar al cuerpo a paliar las consecuencias no deseadas (aunque ya sabidas) de los excesos realizados durante estas últimas semanas.
Ya sabes: el famoso detox.
Que si un zumo de manzana, pepino y jengibre por la mañana. Que si unas hierbas depurativas. Que si un suplemento para el hígado. Que si otro para los riñones. Que si un protocolo de ayuno. Que si sauna. Que si tres días a base de líquidos de un sospechoso color verde…
Y es que, por lo visto, nuestro cuerpo parece necesitar que alguien venga a rescatarlo después de unas semanas de vacaciones.
Ante tal pregunta, dos posibles respuestas.
Respuesta corta: tu cuerpo ya sabe cómo hacerlo.
Respuesta larga: sigue leyendo.
¿QUÉ ES REALMENTE ESO DE «DESINTOXICAR»?
Antes de empezar a comprar cápsulas, licuadoras o preparados con nombres imposibles, deberíamos aclarar qué significa exactamente desintoxicar.
Porque la palabra detox se ha convertido en una especie de cajón de sastre que sirve para vender zumos, tés, suplementos, batidos, dietas, protocolos de ayunos… Y prácticamente cualquier cosa que prometa «eliminar toxinas».
Sin embargo, nuestro cuerpo no ha esperado a que inventásemos el marketing para aprender a eliminar sustancias de desecho. Ya dispone de sistemas extraordinariamente sofisticados para transformar, neutralizar y eliminar sustancias que no necesita.
De hecho, lo hace constantemente.
Ahora mismo, mientras lees estas líneas. Mientras duermes. Mientras comes. Mientras haces ejercicio. Mientras trabajas. Incluso mientras estás sentado en el sofá viendo tu serie favorita.
No necesitas acordarte de hacerlo. Tu cuerpo ya lo hace por ti.
Y aquí aparecen unos viejos conocidos: los emuntorios.
LOS EMUNTORIOS: LAS PUERTAS DE SALIDA.
La palabra emuntorio procede del latín emungere y hace referencia a una vía de salida o eliminación.
En medicina funcional, así como en otros enfoques de medicina tradicional, se utiliza para referirse a las principales vías (órganos y sistemas) mediante las cuales el organismo elimina sustancias de desecho.
Desde una perspectiva fisiológica moderna, podemos relacionar este concepto fundamentalmente con:
- Hígado.
- Riñones.
- Intestino.
- Piel.
- Pulmones.
No todos hacen exactamente lo mismo. Ni todos eliminan las mismas sustancias. Pero juntos forman una extraordinaria red de procesamiento y eliminación.
Y aquí, la idea más importante con la que quiero que te quedes: no necesitas estimular constantemente esos emuntorios. Ninguno necesita que le des un «empujoncito» con un producto milagroso. Lo único que requieren de tu parte es que los dejes trabajar correctamente y, sobre todo, que no los sobrecargues.
El hígado no necesita un zumo de apio para acordarse de que tiene que trabajar. Pero sí agradece que no comas montones de azúcar ni bebas litros de alcohol.
Los riñones no necesitan una cápsula de alcachofa para saber que tienen que filtrar. Pero sí agradecen que bebas suficiente agua mineralizada.
El intestino no necesita un batido verde para descubrir que debe eliminar los residuos de la digestión. Pero sí agradece que le aportes los nutrientes que necesita para poder realizar correctamente su función.
VAYAMOS UN POCO MÁS AL DETALLE.
EL HÍGADO: LA GRAN CENTRAL DE PROCESAMIENTO.
Si tuviéramos que escoger al protagonista principal de esta historia, probablemente sería el hígado.
El hígado hace mucho… y más. Participa en el metabolismo de nutrientes, de hormonas, de fármacos, así como de numerosas sustancias químicas. También transforma determinados compuestos liposolubles en otros más fáciles de eliminar.
Simplificando muchísimo, podemos imaginarlo como una gran planta de procesamiento, en la que una sustancia entra, se transforma y se prepara para ser eliminada.
Pero el hígado no necesita que lo «limpies». Necesita disponer de los recursos necesarios para hacer su trabajo: un metabolismo eficiente, proteínas, micronutrientes, antioxidantes y energía.
Y, sobre todo, que no le pongas constantemente trabajo extra. Porque quizás la mejor forma de ayudar al hígado no sea dándole otro suplemento, sino dejando de darle tanto trabajo innecesario.
LOS RIÑONES: FILTRAR, REGULAR Y ELIMINAR.
Los riñones son otro de los grandes protagonistas.
Cada día filtran enormes cantidades de plasma, regulan con precisión el agua y los electrolitos, participan en el control del pH y eliminan numerosos productos de desecho a través de la orina.
Y aquí aparece algo a priori muy sencillo y bastante menos glamuroso que un suplemento detox, pero no por ello menos importante: beber suficiente agua.
Sí. Agua.
Una hidratación adecuada es fundamental para mantener la función renal y el equilibrio de líquidos.
Eso no significa que tengas que beber cantidades absurdas de agua. Significa que debes evitar la deshidratación y adaptar tus necesidades a tu actividad física, temperatura ambiental, alimentación y situación particular.
Así que antes de comprar un suplemento que prometa «limpiar tus riñones», quizás podrías empezar por algo bastante más sencillo: hidratarte adecuadamente.
EL INTESTINO: LO QUE NO NECESITAS, FUERA.
Hay otra vía de eliminación que solemos olvidar: el intestino.
Después de digerir y absorber aquello que necesita, el organismo debe eliminar lo que le sobra. Además, el hígado puede excretar determinadas sustancias a través de la bilis, que posteriormente llegan al intestino para ser eliminadas con las heces.
Por eso, para que esta vía funcione correctamente, necesitas algo tan poco sofisticado como comer alimentos y tener hábitos que favorezcan una buena función intestinal y evacuar con normalidad: agua, movimiento, alimentos mínimamente procesados, proteína de calidad y grasa de calidad.
No se parece a un protocolo detox demasiado revolucionario ni espectacular. Pero funciona mucho mejor que ponerle a una cápsula derivada del petróleo un nombre en inglés.
Es fisiología. Y la fisiología no necesita nombres comerciales.
LA PIEL: MUCHO MÁS QUE UNA ENVOLTURA.
La piel también participa en la eliminación de determinadas sustancias a través del sudor.
Pero aquí conviene hacer una aclaración. Porque hemos llegado a un punto en el que parece que sudar equivale a «eliminar toxinas». Y no es así exactamente.
La función principal del sudor es regular la temperatura corporal. Cuando aumenta la temperatura interna, producimos sudor. Y la evaporación de este sudor ayuda a enfriarnos a la vez que permite la eliminación de pequeñas cantidades de determinadas sustancias. De ahí que todo aquello que favorezca la sudoración tenga efecto detox.
Pero esto no convierte a la sauna en una lavadora interna. El principal trabajo de transformación y eliminación sigue dependiendo de órganos como el hígado y los riñones. Así que, una vez más, trátalos bien.
LOS PULMONES: EL EMUNTORIO QUE OLVIDAMOS.
Los pulmones son otro gran protagonista que solemos olvidar: cada vez que exhalamos eliminamos dióxido de carbono, uno de los principales productos finales del metabolismo energético.
Así que sí: respirar también es eliminar. O equilibrar.
Y, una vez más, no necesitamos un suplemento para hacerlo. Necesitamos que nuestros pulmones funcionen. Y respirar. Algo que, por suerte, hacemos unas 20.000 veces al día sin que tengamos que pensarlo. Otra cosa es que lo hagamos correctamente.
Un “melón” del que posiblemente hable en otra entrada.
ENTONCES ¿QUÉ ESTIMULA A LOS EMUNTORIOS?
Aquí viene la parte que creo es más interesante, pero que probablemente menos te guste.
Porque no voy a hablarte de 17 suplementos. Ni darte una lista de 23 plantas. Ni un protocolo de ayuno de siete días. Ni un batido de color verde fosforito.
Voy a proponerte algo bastante más aburrido y menos sexy pero que, en cambio, probablemente sea mucho más útil y efectivo.
Si nuestro organismo ya dispone de estas vías de eliminación, ¿qué podemos hacer nosotros para favorecer su correcto funcionamiento?
1. Movimiento.
Caminar. Correr. Nadar. Montar en bicicleta. Bailar. Subir escaleras. Entrenar fuerza. En definitiva: movimiento.
El ejercicio aumenta el flujo sanguíneo, flexibiliza el metabolismo, favorece la motilidad intestinal y, cuando es suficientemente intenso o se realiza en condiciones de calor, aumenta la sudoración.
No necesitas hacer un entrenamiento de dos horas cada día. O sí. Eso ya lo decides tú. Solo quiero que sepas que, en muchas ocasiones, dejar de estar sentado muchas horas puede suponer un gran cambio.
¡Muévete!
2. Exposición al sol y al calor.
La exposición al calor aumenta la temperatura corporal y activa los diferentes mecanismos de termorregulación, siendo uno de ellos es la sudoración.
El sol también forma parte de nuestra relación ancestral con el entorno y tiene múltiples efectos fisiológicos que van mucho más allá de contribuir al efecto detox.
¡Sal al aire libre!
3. Sauna.
La sauna puede ser una herramienta interesante dentro de un estilo de vida saludable ya que produce una exposición controlada al calor y provoca respuestas cardiovasculares y termorreguladoras, entre ellas vasodilatación cutánea y sudoración.
Dicho esto, recuerda que por muy beneficiosa que sea, nunca va a sustituir al trabajo efectuado por el hígado y por los riñones, una buena alimentación o un estilo de vida saludable.
¡A sudar!
4. Hidratación.
Si sudas, necesitas reponer agua. Si haces ejercicio, necesitas adaptar la hidratación. Y si hace calor, también.
Si estás deshidratado, tu organismo tiene que trabajar en unas condiciones diferentes para mantener el equilibrio de líquidos.
Una vez más: lo básico suele ser más importante que lo sofisticado.
¡Bebe!
5. Comida real.
Ya sabes: un clásico que nunca pasa de moda.
Carne, pescado, huevos, marisco, vísceras como protagonistas de tu plato. Todo esto acompañado de verduras de superficie, verduras de hoja verde, tubérculos, fruta de temporada, frutos secos, aceite de oliva, alimentos fermentados, legumbres si las toleras…
Lo más importante, además de gustarte lo que comas (recuerda que comer debe ser sinónimo de fiesta), es que tu comida le siente bien a tu cuerpo.
No necesitas pasar hambre. Necesitas dejar de comer mal: dejar de comer aquello que te genere hinchazón al acabar de comer, cansancio, picor, alteración en tus deposiciones (tanto en frecuencia como en consistencia)…
¡Come como un humano de verdad!
6. Sueño.
Si durante las vacaciones has perdido tu rutina: te has acostado a las tantas de la madrugada ya sea por estar de fiesta o con el mando de la TV en la mano y te has levantado al mediodía, has comida y/o cenado a deshora… lo más probable es que tu cuerpo no necesite un suplemento, sino volver a recuperar su ritmo.
Y, si ya no lo tenías antes del verano, te invito a que diseñes una rutina nocturna. De la misma manera que organizas tus días, también deberías organizar tus noches.
¡Duerme!
7. Respira y baja revoluciones.
No necesitas vivir permanentemente acelerado. Tu cuerpo no está preparado para soportar esos niveles de tensión continua y constante.
Tu fisiología está diseñada para enfrentarse a la tensión que supone tener a un león a unos pocos metros de distancia: un estrés brutal, sí, pero de muy corta duración y que implica forzosamente movimiento para poder resolverse, bien sea para escapar o para luchar.
Tu fisiología no está diseñada para soportar la tensión que supone verle la cara todos los días a unos compañeros que no soportas, a un jefe que te grita, a una suegra manipuladora o a una pareja que no te deja ser tú.
Respirar lentamente. Salir a caminar. Pasar tiempo en la naturaleza. Meditar. Hablar con alguien. Relacionarte. Poner límites. Escribir. Reír. Cantar. Hacer algo que te guste. Aburrirte. Reflexionar. Aprender a decir no. Tomar decisiones… no son herramientas detox al uso, pero probablemente mucho más necesarias.
Una vez más, la cosa no va de sumar, sino de restar. De dejar de vivir permanentemente en modo amenaza, alerta y urgencia.
Simplifica. No se trata de sobrevivir.
¡Vive!
EL MEJOR DETOX ES EL QUE NO NECESITAS HACER.
Nuestro organismo lleva millones de años enfrentándose a sustancias potencialmente dañinas y ha desarrollado sistemas de transformación, neutralización, almacenamiento y eliminación extraordinariamente complejos con el fin de mantener el equilibrio interno.
Y no, no son perfectos. Tampoco son infinitos. Y, evidentemente, existen situaciones de intoxicación real en las que la medicina necesita intervenir.
Pero eso es muy diferente de pensar que, después de un período de vacaciones o de una situación límite (ya sea “para bien” o “para mal”), necesitamos «limpiar» nuestro organismo.
Probablemente hemos complicado demasiado algo que, en realidad, es bastante sencillo.
Tu cuerpo ya sabe cómo hacerlo.
No necesitas convertirte en químico.
Lo que sí necesitas es dejar de convertirte en tu principal saboteador. Y esta idea conecta con algo que escribí hace unas semanas: quizás el problema de nuestra salud moderna no sea que nos falten herramientas, sino que quizás nos sobren interferencias.
Suplementos. Protocolos. Productos. Biohacks. Más cosas que hacer. Ultraprocesados. Sedentarismo. Estrés. Noches sin dormir.
Y, muy probablemente, quizás también nos falte acción. Poner en práctica lo que ya sabemos. Coherencia. Y constancia.
Porque a veces cuidar la salud no consiste en añadir algo. Consiste simplemente en dejar de quitarle al cuerpo aquello que necesita para hacer su trabajo.
Y quizá esa sea una de las formas más sencillas de entender la salud: no siempre tienes que hacer algo para estar mejor. A veces solo tienes que dejar de hacer aquello que te hace estar peor.
Y ojo: si después de leer esto sigues queriendo hacerte un zumo verde, adelante. Pero hazlo porque te gusta. No porque pienses que tu hígado no sabe hacer su trabajo.
«La vida es realmente simple, pero insistimos en hacerla complicada»
Confucio
Gracias por leerme.
¡Qué hagas un gran día!
No te mereces menos.
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