La importancia de llamar a cada cosa por su nombre
Prevención VS Diagnóstico precoz

equilibrium Ourense

Hace unos días, en una comida familiar en la que nos juntamos primos que residimos en diferentes países, ha salido un tema a colación que me ha hecho reflexionar y que te expongo a continuación.

Una prima de 46 años comentaba que había hecho una colonoscopia, unas semanas antes de venirse de vacaciones y atendiendo a las recomendaciones sanitarias, con el fin de prevenir el cáncer colorrectal.

Cuando escuché esa frase pensé: «¿Y dónde está ahí la prevención?”

Actualmente y dese hace ya tiempo, no sé por qué motivo, las ¿autoridades sanitarias? emplean a modo de sinónimo dos términos que no lo son: prevención y diagnóstico precoz.

Te cuento.

Prevención, del latín praeventio, significa “acción de anticiparse”. Hace referencia, por lo tanto, a la acción y efecto de tomar medidas por adelantado con el fin de evitar que un riesgo o daño suceda, y así proteger la salud, el bienestar o la seguridad.

La palabra diagnóstico viene del griego diagnostikós y significa literalmente “conocer a través de” los síntomas (lo que el paciente siente y cuenta) y los signos (lo que puede medirse objetivamente). Puedes leer la entrada anterior del blog en la que hablo acerca de ello. Por otro lado, la palabra precoz proviene del latín, praecox, que significa “lo que se cuece o madura antes”. Así podemos definir el diagnóstico precoz como la identificación de una enfermedad en su fase inicial.

¿Te parece que ambos términos significan lo mismo?

Que solamos, equivocadamente, emplear dos palabras como si fueran sinónimas no quiere decir que lo sean realmente.

Del mismo modo que, por ejemplo, normal y habitual no son términos que significan lo mismo, prevención y diagnóstico precoz tampoco lo son.

Habitual es que los políticos roben, pero normal no es. Otra cosa es que ya no nos sorprendamos por ello y que normalicemos el hecho. Vale. Pero insisto: normal, no es.

Hemos normalizado que en nuestro descanso en el trabajo lo lógico sea fumar un cigarro (cuando no son dos), comer unas gominolas o hacer scroll infinito en el móvil. Y le llamamos loco al que sale a caminar o hace descansos activos.

Normal frente a habitual.

Pues lo mismo ocurre con prevención y diagnóstico precoz.

Prevención implica que no existe patología alguna y diagnóstico precoz que sí la hay.

¿Se ve?

Ojo: con esto no estoy diciendo que el diagnóstico precoz no sea importante. Faltaría más. En el ámbito sanitario existen distintos niveles de prevención. La colonoscopia, por ejemplo, forma parte de lo que se conoce como prevención secundaria: detectar una enfermedad antes de que produzca síntomas o eliminar lesiones precancerosas antes de que progresen. Eso tiene un enorme valor. Pero no debería confundirse con la prevención primaria, que consiste en reducir la probabilidad de que esa enfermedad aparezca mediante hábitos y control de factores de riesgo.

Y es que, personalmente, si me dan a escoger entre desarrollar una patología y detectarla en su fase inicial o no enfermar, tengo muy claro cuál es mi elección…

 

¿DÓNDE PONEMOS REALMENTE EL FOCO?

Nuestro sistema sanitario está diseñado principalmente para diagnosticar y tratar enfermedades, no para generar salud. Por lo que obtiene mucho más rendimiento cuando actúa una vez aparece la enfermedad que cuando consigue que nunca llegue a producirse. Partiendo de esa premisa, cuál crees que va a ser el “protocolo” a llevar a cabo: ¿la realización de mil y una pruebas con aparatología carísima y la prescripción de mil y un fármacos revolucionarios o decirte que comas, descanses, te muevas… en definitiva: vivas, como toca como ser humano que eres?

Por supuesto, no te pido que me creas ni mucho menos que compartas mi opinión. Pero sí me encantaría que, después de leer estas líneas, aunque solo fuese para llevarme la contraria, te animaras a leer y escuchar a personas y profesionales con perspectivas diferentes a las del relato oficial; a informarte y formarte.

Porque sabes qué: tu Salud es cosa tuya. Y, si no te cuidas tú, nadie lo hará por ti.

Nadie.

El doctor Juan Gérvas, por ejemplo, lleva años investigando, publicando y cuestionando la utilidad real de las mamografías en la “lucha” contra el cáncer de mama.

Pero más allá de lo que pueda él decir, te pregunto: ¿por qué cada año se diagnostican y fallecen más mujeres (y hombres) por cáncer de mama, con todos los avances médicos y de diagnóstico precoz que tenemos, con respecto a hace 20, 30 ó 50 años? Y, por favor, no me vengas con que se debe a que vivimos más años porque, por si no lo sabías, el 60% de la población entre los 18 y los 34 años tiene al menos una enfermedad crónica. Porcentaje que asciende al 75% en las personas entre los 35 y los 64 años.

Y quien dice cáncer de mama dice también hígado graso (primera causa de hepatocarcinoma y de cirrosis), diabetes, patología cardiovascular o neurodegenerativa.

Al no acompañar los hábitos (prevención) se están gestando verdaderas epidemias a futuro.

O ya presentes…

¿Qué decir de los dispositivos móviles y su efecto sobre la atención, el neurodesarrollo y la salud mental de las nuevas generaciones?

Tecnoadicción le llaman.

Un nuevo palabro de la jerga médica. Un palabro moderno y actual, al igual que depresión o suicidio infantiles. Hace no tantos años algo totalmente impensable y demencial. Hoy, por desgracia, cada vez más habitual… y normalizado.

Y te pregunto, ¿qué es lo que determina cómo son estos adolescentes y cómo serán de aquí a 10 ó 20 años?

El contexto que nosotros les estamos ofreciendo.

Educación.

El verdadero y único sinónimo de prevención. Y es que la educación es, probablemente, la herramienta preventiva más poderosa que tenemos. Un tema del que hablaré en otra ocasión porque tiene mucha chicha.

Pero volviendo a lo nuestro, ¿dónde está el factor diferencial?

En la comodidad.

Me explico.

Qué es más fácil: ¿tomar una pastilla y hacer lo que otra persona te dice o tomar las riendas de tu salud, convertirte en el protagonista de tu película (tu vida) y tomar acción y decisiones (que no pastillas)?

Qué es más fácil: ¿darle el móvil al bebé para que se calle o dedicarle un tiempo de atención y presencia reales?

Y ojo, con esto no pretendo juzgar ni decir quién es mejor o peor persona, mejor o peor padre. Sino simplemente lanzar una idea sobre la que reflexionar.

 

LOS VERDADEROS PILARES

¿Sabes cuál es la mayor carencia de la que sufre hoy el mal llamado primer mundo? La falta de exposición al sol. Y no es una opinión, sino un hecho: pasamos el 94% de nuestro tiempo en interiores.

Sí, sí.

Has leído bien.

El 94%.

Dicho de otro modo, de las 24h que tiene un día estamos metidos entre cuatro paredes y bajo un techo más de 22 horas.

¿No me crees? Haz tus cuentas.

¿Y sabes cuál es la segunda mayor carencia que sufrimos actualmente? La falta de movimiento. El sedentarismo: la mayor arma de destrucción pasiva de la historia.

Entre 4 y 7 mil pasos, de media, es lo que camina hoy un adulto al día.

¿Reacción de “la ciencia” frente a estos datos? Que no necesitamos llegar a esos 10.000 pasos diarios de los que se hablaban hasta hace poco para estar sano. Que “la ciencia” ha demostrado que con tan solo 4.000 pasos ya se reduce el riesgo de mortalidad y enfermedades cardíacas.

¡Qué bien! ¿No?

Ya verás como en no mucho tiempo nos dirán que con 2.000 pasos vamos sobrados. Y que estar sanos pasará por tomar algún nuevo “medicamento milagro”.

¿Y sabes lo peor? Que nos lo creeremos.

¿Porque qué excusa esgrimen muchas personas cuando alguien osa decirles que deberían moverse más o simplemente pasear al aire libre? El tiempo.

“No tengo tiempo”.

Saca el móvil y mira cuánto tiempo le dedicas al día al aparatito: ve a ajustes, tiempo de uso y toca ver toda la actividad.

¡Qué susto! ¿Verdad?

Cancela tus suscripciones a Netflix, HBO, Amazon Prime… y vende, al menos, una de tus televisiones.

Una vez más: no me malinterpretes. No estoy diciendo que Netflix sea el culpable de todo lo malo que nos ocurre en la vida. No busques justificar el no querer ni siquiera probar cambiar tus hábitos sacando las cosas de contexto. Solamente digo que, normalmente, solemos centrarnos en buscar excusas en vez de soluciones.

Cambiar estos dos factores: exposición al sol y movimiento, los cuales son, dicho sea de paso, GRATUITOS, evitaría la aparición y desarrollo de muchas de las enfermedades crónicas más frecuentes.

Ya sabes.

Prevención.

Hablando un poco de todo, también es cierto que cada vez encuentro a más personas en consulta realmente dispuestas a cambiar, pero que no son capaces de llevar a cabo los cambios necesarios. En estos casos la causa no suele ser la falta de ganas, la falta de información o las excusas, sino la energía.

Estas personas viven en “modo ahorro”. Al igual que tu móvil cuando le queda menos de un 20% de batería y todo va más lento y cuesta más, a estas personas también se les suele hacer todo cuesta arriba. Y es que, por desgracia, la frase estilo mister wonderful “querer es poder” no es más que eso: una frase.

Nadie quiere estar mal, pero no todo el mundo puede estar bien…

Si te identificas con esto, no te preocupes que también hablaré acerca de ello en otra entrada. Pero te adelanto una cosa: todo pasa por respetar tu diseño y tu biología, y no por tomar más pastillas.

No te centres en mejorar cosas que no dependen de ti, sino en ser el mejor en todo aquello que sí dependa exclusivamente de ti. Sin agobios. Sin estrés. Pero hazlo.

 

“Nada tiene sentido en biología si no es bajo la luz de la evolución”

Theodosius Dobzhansky

 

Si has llegado hasta aquí, insisto una vez más que no pretendo convencerte de que dejes de hacerte una colonoscopia, una mamografía o cualquier otra prueba que tu médico considere indicada. Mi intención es mucho más sencilla: invitarte a reflexionar sobre el lenguaje que utilizamos.

Porque las palabras importan.

Mucho.

Llamar prevención al diagnóstico precoz puede parecer un detalle sin importancia, pero cambia por completo dónde ponemos el foco.

La prevención empieza mucho antes de entrar en una consulta, de tumbarte en una camilla o de introducir una aguja en tu brazo. Empieza en cómo comes, cómo duermes, cómo te mueves, cómo gestionas el estrés, cómo te relacionas con los demás y cómo decides vivir cada día.

Detectar una enfermedad antes es, sin duda, mejor que detectarla tarde. Pero aún mejor es crear las condiciones para que esa enfermedad tenga muchas menos posibilidades de aparecer.

El diagnóstico precoz intenta llegar antes que la enfermedad. La prevención intenta que nunca aparezca.

Esa diferencia puede parecer pequeña. Pero, en realidad, cambio por completo nuestra forma de entender la Salud.

Lo cambio todo.

 

Gracias por leerme

 

¡Qué hagas un gran día!

No te mereces menos.

 

 

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