Nuevo estudio... otro más.

equilibrium Ourense

Abre tu mente y descubrirás…

Así empieza la famosa canción de Merche. Y eso mismo voy a pedirte que hagas antes de seguir leyendo.

Si eres de los que piensa que todo cuanto sale publicado en medios de comunicación es cierto, quizás (y solo quizás) éste no sea el blog que más te vaya a gustar. Pero, si decides quedarte, puedo asegurarte una cosa: todo cuanto leas aquí está respaldado y apoyado no en estudios científicos financiados por terceros con intereses particulares y muchas veces ocultos, sino en ciencia pura y dura.

En verdades.

En certezas biológicas y fisiológicas.

Hecha esta pequeña introducción, vayamos al grano.

Como te decía en el resumen de la entrada, hace unas semanas se publicó un estudio cuya sorprendente conclusión revela que la cantidad de carne que debemos consumir para estar sanos y no poner en riesgo la salud de nuestro planeta es de 255 gramos ¡a la semana!

Sí, sí. Has leído bien.

Repito.

255 gramos de carne a la semana.

Poco más de 35 gramos al día.

Dicho de otro modo, menos de huevo de gallina de tamaño pequeño.

Pero lo cierto es que, más allá de ese número, otros son los datos que se mencionan y que me suenan a… No sé, juzga tú mismo.

Empecemos.

Dicho artículo, pese a hablar de “rigor científico”, abre diciendo que “nuestros antepasados eran vegetarianos”.

¿Perdón?

Este tema, en el entorno científico (el de verdad y libre de intereses partidistas) ha dejado hace mucho de ser objeto de debate: el ser humano nunca, NUNCA, ha sido vegetariano. Es más, la ingesta de animales, en su totalidad (nose to tail: término que se ha popularizado desde hace ya años), es, junto con el control del fuego, el principal factor que nos ha permitido dejar de ser “simples” homo para convertirnos en lo que somos hoy: homo sapiens sapiens.

Traduzco: humano sabio sabio.

Si bien es cierto que tal calificativo parece que está empezando a quedarnos ya bastante grande…

De todas formas, si la cosa va de estudios, te dejo referencias:

Más.

El estudio concluye que deberíamos limitarnos a consumir carne blanca: pollo o cerdo.

¿Qué? ¿Cómo?

¿Desde cuándo la carne de cerdo es una carne blanca? Hasta la OMS (Organización Mundial de la Salud), esa organización cuyo único propósito de ser es defender tus intereses (véase la ironía) cataloga la carne de cerdo como una carne roja. Pero, apelando simplemente al sentido común, te invito a que cojas una chuleta de aguja de cerdo y me digas si se parece a un filete de pechuga de pollo.

Sigamos.

El límite máximo de los 255 gramos semanales de carne blanca citados anteriormente surge de analizar factores como emisiones de CO2, uso de agua y efectos en la salud humana.

Ok. Como dijo Jack el destripador: “vayamos por partes”.

No existe ningún alimento natural de origen vegetal con mayor aporte nutricional y mayor biodisponibilidad comparado con los alimentos de origen animal.

Así de rotundo. Así de cierto.

Nutrientes esenciales (que solamente podemos obtener a través de la alimentación) o extremadamente importantes como la vitamina B12, el hierro hemo, el retinol, la creatina, la carnosina o la taurina (entre otros muchos) son imposibles de obtener en cantidad y forma biodisponible solamente con alimentos de origen vegetal.

La misma historia de siempre: relato, discurso y opinión frente a datos. Tú escoges qué empleas para sentar las bases de tus creencias sobre salud y alimentación.

¿Qué ocurre entonces? Que si desplazamos los alimentos de origen animal a esos poco más de 35 gramos al día, estaremos renunciando, no solamente a la mayor fuente natural de proteína, sino también de grasas saludables. Por lo que nuestro plato estará básicamente compuesto por alimentos ricos en hidratos de carbono. E, independientemente de que sean alimentos naturales (lo ideal) o alimentos ultraprocesados, este hecho tendrá en nuestra salud multitud de efectos para nada deseados. A saber: aumento de la propensión de desarrollar obesidad, diabetes, patologías cardiovasculares, enfermedades neurodegenerativas o patologías inmuno-metabólicas. Entre otras cosas. Casi nada.

Además, dicha cantidad de alimentos de origen animal no garantiza el aporte mínimo necesario diario de los nutrientes que nuestro cuerpo necesita para poder, simplemente, sobrevivir. Dicho de otro modo, limitar tu ingesta a esos 35 gramos de carne blanca equivale a desarrollar patologías por carencia nutricional a corto / medio plazo.

Tú decides.

Continuamos.

Otro argumento a favor de ese límite drástico de consumo de carne es, dice el estudio, el impacto ecológico que supone obtener la cantidad suficiente de producto.

Es importante saber que el impacto ambiental de la ganadería depende del modelo de producción y no del alimento en sí. Existen modelos regenerativos que secuestran carbono y permiten revitalizar los ecosistemas.

Pero, obviamente, nadie habla de eso…

Lo curioso del asunto es que, pese a llevar la defensa de nuestro planeta por bandera, en España, desde hace ya semanas, se están talando miles de olivos centenarios con el fin de reemplazarlos por placas solares.

¿Dónde está ahí el ecologismo? ¿Dónde están esos medios de comunicación que denuncian en sus portadas que los gases producidos por las vacas están acabando con nuestro mundo, pero que se niegan a hablar de hechos consumados?

Recordar también (o simplemente decirte por si no lo sabías) que se estima que se desperdician al menos 1.000 millones de raciones de comida al día en los hogares del primer mundo, lo que equivale al 40% de los alimentos producidos. Casi nada.

Pero de eso mejor no hablar verdad. ¿Para qué?

Además, seguro que es un bulo. Una de esas fake news de ahora.

Y, por último, pero no por ello menos importante.

“La alimentación como decisión política” reza un apartado del artículo.

Pero… ¿el motivo de esa ridícula e insalubre recomendación no era de índole sanitaria y ecológica?

Pues se ve que no.

¡Oh sorpresa!

Te cuento.

Pero antes y una vez más, te pido a que durante unos segundos te olvides de lo que dices y crees saber y sigas leyendo con la misma curiosidad con la que un niño pequeño abre sus regalos de Navidad.

“La mente es como un paracaídas” decía Albert Einstein. “Solo funciona si se abre”.

Atento.

El 1% de la población (la que ostentan realmente el poder y cuyo nombre no aparece en ningún sitio) …

Le paga al 4% que se deja comprar (probablemente muchas veces sin más mala intención que enriquecerse y hasta incluso sin ser realmente consciente de las consecuencias de lo que hace; y aquí entrarían políticos, medios de comunicación…) …

Para que el 5% que es más consciente de lo que sucede (pero que sigue sin entender gran parte de cuanto ocurre; si me lees posiblemente estés aquí) …

No pueda despertar al 90% que está dormida, obnubilada, asustada… y que vota, apoya y se posiciona con una parte (o la contraria) de los que pertenecen al 4%.

¿Me sigues?

Si no es así, vuelve a leerlo con atención las veces necesarias hasta que lo entiendas bien.

El 1% de la población, le paga al 4% que se deja comprar para que el 5% que es más consciente de lo que sucede no pueda despertar al 90% que está dormida.

Y es que si entiendes esto, podrás entonces seguir hilando y relacionar este estudio con las políticas que se están llevando a cabo en lo relativo a la ganadería y a la agricultura (véase, por ejemplo, la creación de granjas de saltamontes, seguro que mucho más “eco” que una explotación ganadera bajo un modelo regenerativo, o la tala de árboles para dejar sitio a llanuras de plástico y de placas solares) y, consecuentemente a las recomendaciones sanitarias.

Ya sabes: recomendaciones hoy. Obligaciones mañana.

Si entiendes esto, posiblemente titulares en grande y en negrita como “Bruselas acelera su plan para acabar con el consumo de carne roja con el objetivo de reducir un 90% las emisiones de CO2 en 2040” (¡qué bien suena!) seguido de, ahora en letra pequeña: “La empresa Mosa Meat acaba de solicitar a la Unión Europea comercializar sus productos sintéticos” dejen de sorprenderte.

Si entiendes esto, puede que no te parezca raro que la presidenta de la Unión Europea proponga la vacunación obligatoria para todos los países de la UE cuando su marido es director médico de un laboratorio especializado en terapias génicas que trabaja fabricando vacunas para Pfizer.

Solo puede.


Y con esto, me despido por hoy.


Gracias por leerme.

¡Qué hagas un gran día!

No te mereces menos.


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