Química en los alimentos

equilibrium Ourense

Las enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) van en aumento año tras año. Estamos hablando de asma, obesidad, diabetes, enfermedades cardíacas, patologías autoinmunes, trastornos neurológicos y cánceres (entre otras muchas patologías). Y lo que es peor: su incidencia en los niños asciende de forma drástica.

Datos.

Los cánceres infantiles aumentaron un 35% en comparación con hace 50 años y los trastornos relacionados con el desarrollo neurológico afectan actualmente a 1 de cada 6 niños.

Según un estudio publicado en The New England Journal of Medicine por el Consorcio para la Salud Ambiental Infantil de Estados Unidos, estas enfermedades se encuentran ya entre las principales causas de muerte entre las personas jóvenes. Dicho estudio señala que la contaminación ambiental y la exposición a productos químicos sintéticos están cada vez más extendidas, lo que sugiere que todo este arsenal de sustancias (muchas de ellas derivadas del petróleo) deba ser considerado como factor coadyuvante (si no etiológico) de las ECNT.

Más datos.

Se estima que existen 350.000 productos químicos manufacturados en todo el mundo, cuya producción se multiplicó por 50 desde 1950. Y se espera que se triplique para 2050. (¿Tendrá la famosa Agenda algo que ver en todo ello?)

Pero lo realmente increíble de estos números es que menos del 20% de estas sustancias han sido sometidas a pruebas de toxicidad. Y es que por muy raro que pueda parecer, las empresas de productos químicos no están obligadas a demostrar la seguridad de sus inventos antes de su comercialización y se enfrentan a poca supervisión.

¿Y sabes qué parte de la población es la más vulnerable a la exposición de estos químicos?

Efectivamente.

Los niños. Debido en gran medida a que su sistema inmunitario está todavía en desarrollo y a que tienen las tasas de exposición más elevadas.

Sí. Ya sé que “correlación no implica causalidad”. Que observar que dos variables se muevan conjuntamente no significa necesariamente que una variable sea causa de la otra. Pero ¿qué pasaría si probáramos a eliminar, al menos, una parte estos productos químicos de nuestro día a día? ¿Qué es lo peor que nos podría ocurrir si, por ejemplo, comiéramos alimentos libres de sustancias artificiales? ¿Por comer como todo ser vivo de este planeta ha hecho a lo largo de millones de años de evolución hasta hace (literalmente) poco más de 100 años?

Quizás te hayas enterado de que hace unas semanas la FDA (la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos) ha prohibido el uso de un colorante: el colorante rojo número 3, también conocido como eritrosina o E127.

O quizás no.

No pasa nada.

Te cuento.

El E127 es uno de los colorantes más comunes de ver en dulces, refrescos e incluso en medicamentos con un color rojo brillante.

Dicho colorante, utilizado por la industria para mejorar la apariencia y hacer más atractivos sus productos desde hace décadas, ha sido prohibido en todo Estados Unidos después de que lo hicieran la Unión Europea en el año 2022 y, posteriormente, otros países como Australia y Nueva Zelanda en el año 2023. Aunque lo sorprendente del asunto es que su empleo en la producción de cosméticos y medicamentos tópicos se prohibió hace ya 35 años, en 1990.

¿Por qué tanta dilación en prohibir su uso en los productos elaborados por Big Pharma y Big Food? Una pregunta que no sabría contestar. Al menos no de forma fehaciente y sin ser insidioso.

Pero lo que sí puedo enumerar son las consecuencias de una exposición ¿elevada? (no está cuantificada) a este colorante:

  • Alteración de la regulación de la glándula tiroides. El E127 inhibe la capacidad del cuerpo de absorber yodo, un micronutriente vital para la síntesis de hormonas tiroideas, pudiendo dar lugar a la aparición de hipotiroidismo.
  • Promoción de la formación de cáncer tiroideo. Se ha visto que la administración de E127 en ratas macho agrandó las glándulas tiroides.
  • Daño de la función cerebral. El E127 aumenta el estrés oxidativo produciendo neuroinflamación. También se ha visto que interactúa con los péptidos beta-amiloide, los cuales se relacionan con la enfermedad de Alzheimer.
  • Alteración del comportamiento en niños. El E127 genera problemas de conducta en niños, como consecuencia de una falta de atención y de hiperactividad.

¿Quieres que te diga otra cosa cuanto menos curiosa?

Pese a todos los daños, ya conocidos y descritos, causados por este colorante que sigue empleándose en más de 8000 productos en Estados Unidos, Big Food tiene como fecha límite de retirada el 15 de enero de 2027, mientras que Big Pharma puede contar con él hasta el 18 de enero de 2028. Dos y tres años, respectivamente.

Sí, sí. Has leído bien.

2 y 3 años.

El mismo tiempo, mes arriba mes abajo, del que dispones tú para pagar una multa a Tráfico o devolverle a la Agencia Tributaria lo que es suyo…

“Qué más da si esto en Europa ya está prohibido”, pensarás tú.

Sí. Cierto. Pero te recuerdo que vivimos en un mundo globalizado. Y que esta prohibición ni siquiera existe en multitud de países.

Made in Vietnam. Come from China. Made in Taiwan. Come from Morrocco.

¿Te suena?

Pues eso.

Ojo: cero reproche hacia ninguno de esos países. Los tiros no van por ahí.

Como dice el refrán: “a buen entendedor, pocas palabras bastan”.

Ahora bien. Con esta prohibición, muchas compañías han optado por un colorante alimentario alternativo, el rojo número 40. También conocido como rojo allura o E129. Y, si bien existe sospecha de una posible relación entre dicho colorante con la hiperactividad en niños, así como con determinadas reacciones alérgicas (conclusión a la que llegó la Cleveland Clinic después de realizar y analizar diferentes estudios), la versión oficial es que se necesitan más datos para determinar un vínculo directo entre el colorante rojo 40 y estos problemas de salud.

Ahí queda eso.

Y lo mismo ocurre con otros colorantes como el amarillo número 5 (E102) y número 6 (E110), el tierra sombra quemada (E181), el pigmento negro 7984 (E152) o los colorantes azoicos.

Obviamente, no pretendo que encuentres lógica alguna en este razonamiento. Y tampoco pretendo que te alarmes. Mi única intención es compartir contigo esta información y que te des cuenta de que tu salud y la de los tuyos solamente te importa a ti. Este mito de que existen entes que miran y velan por tus intereses no es más que eso: un mito.

Ya sabes. “No hay viento favorable para quien no sabe dónde va” dijo Séneca.

“¿Qué puedo hacer yo entonces?”, te estarás preguntando.

Mucho, aunque no te lo creas.

Lo primero y más obvio: basar tus comidas en alimentos naturales o mínimamente procesados, de cercanía y de temporada. Solo con esto eliminarás de la ecuación multitud de aditivos alimentarios.

Lo segundo: acostumbrarte a leer las etiquetas de los productos procesados y ultraprocesados que compres.

Y recuerda: “Roma no se hizo en un día, pero ardió en una noche”. O, dicho de otro modo, ten paciencia y no lo dejes todo por no ver pronto los resultados deseados. Tu salud, literalmente, depende de ello.

Gracias por leerme.

¡Qué hagas un gran día!

No mereces menos.

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